Rimbaud, el poeta que se sentía otro

El vuelo de la lechuza

rimbaud1--1-.jpgEn una de esas deslumbrantes intuiciones que iluminan el mundo cultural por analogía con la naturaleza, Schelling reconoce en su Filosofía del arte que hay dos clases de poetas: los antiguos y los modernos. Los primeros se asemejan a los planetas y, con su ritmo concéntrico, mantienen una órbita armónica en torno al sol, alejándose apenas de la identidad. Son los grandes clásicos, figuras plásticas y simbólicas que, en su universalidad, roturan para siempre los caminos a seguir en el futuro. Aparte, están esos que, como los cometas, se aventuran excéntricos en el espacio infinito y reaparecen fulgurantes y, en cierto sentido, inesperados, ya que lo hacen muy de vez en cuando. Hechos de “puro aire y pura luz, sin ninguna sustancia”, su osadía y su individualidad nos sobresalta porque, desafiando todas las normas, se internan en lo más remoto y oscuro, para volver con sus cabelleras centelleantes…

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