colmena

félix molina

contema sesenta y dos

El primero en llegar luce una estola azul, las manos en los bolsillos. Sorbe el néctar vagamente servido detrás de la barra. Piensa. Quizá sueña. Se mira las manos con pereza. Otro trago y casi olvida, o apenas recuerda, Secreta ambición.

La luz tamiza al compañero que entra, como a un escenario. Bufanda roja, la dureza en los ojos, el inicio de una sonrisa imposible, la ignominia de Sultán y traidor dibujada en todo el semblante. Pide lo mismo. Y se lo sirven, cautos.

El tercero y el cuarto llegan juntos, pero separados. Asidos al tafetán de las propias chaquetas, se esmeran en disimular Turba de inútiles o Difícil, el cielo, pero su afán se deshace al contacto con el preparado de ginebra y martini.

Un quinto hay que casi se arrastra hacia la barra, como ocultado por el cuello de la gabardina añeja…

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