sherezade, mientras calla

félix molina

contema setenta y seis

Habita en los chorros del agua primeriza de palacio. Se amontona en los atauriques de las galerías. Deja pasar su mirada, enmohecida de aires sultanescos, por el quicio de los almohadones y las fuentes de fruta. Siente no asco, quizá un poco de pena por todo cuanto dilapida el lujo en esa estancia y prefiere el paseo de un pájaro en la alberca regia, los pasos limpios, de patas mojadas sobre azulejos dorados, esa forma única de huir frente a la tapia cenital del mármol.

Se diría que prepara párrafos dentro de sí misma, que es la propia lavandera de sus historias alambicadas con la muerte del excesivo y la recompensa del justo. Que duerme un breve sueño de poesía repujada, cincelada en su frente con el pincel mismo del miedo y el amor por la vida.

Pero calla. Guarda el sonido de cada palabra como…

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